Hace algunos años, conocer profundamente el producto y tener buenas habilidades comerciales podía ser suficiente.
Hoy el consumidor llega a la tienda después de investigar, comparar precios, revisar especificaciones y leer opiniones.
En muchos casos, llega con más información que nunca.
Esto plantea una pregunta importante para quienes gestionamos talento:
¿Qué valor debe aportar hoy un promotor frente a un shopper hiperconectado?
De informar a interpretar
Repetir las características que aparecen en una ficha técnica genera cada vez menos valor.
El nuevo promotor necesita interpretar necesidades.
Debe entender qué está buscando la persona, traducir especificaciones en beneficios y ayudarla a diferenciar alternativas.
Eso requiere conocimiento de producto, pero también escucha, empatía y capacidad comercial.
El promotor también necesita entender el journey digital
Durante CyberDay, la conversación puede comenzar con algo que el shopper vio online.
“En la web aparece otro precio.”
“Vi esta promoción.”
“¿También puedo comprarlo online?”
El promotor necesita desenvolverse naturalmente dentro de esa experiencia omnicanal.
Ya no representa únicamente a un producto frente a un anaquel.
Representa a la marca dentro de un journey mucho más amplio.
Reclutar para aprender
Las campañas comerciales también exigen incorporar y preparar talento rápidamente.
Por eso, además de experiencia previa, existe una habilidad que considero cada vez más importante: capacidad de aprendizaje.
Productos, promociones y condiciones pueden cambiar rápidamente.
Necesitamos perfiles capaces de absorber información, adaptarse y convertirla inmediatamente en una mejor conversación con el consumidor.
Reflexión final
La digitalización no elimina la importancia del promotor.
Eleva el estándar.
Cuanta más información tenga el consumidor, mayor deberá ser el valor que aporte la interacción humana.
El promotor del futuro no será quien conozca más datos que el shopper. Será quien mejor lo ayude a decidir.